Te espero.

¡Pedro,Pedro!-como le regalaba al viento tu esposa tu nombre para demostrarme que el perrito aún te busca cuando suenan las letras que te componen. Yo sabía que tras estas dos palabras que se perdieron en el eco de nuestros oídos, tú no ibas a contestar, ni ibas a aparecer por la puerta con la dulce melodía que cantaba tu llavero, ni te iba a ver más con el pantalón desgarrado compañero de la rebeca gris empolvorada, yo sabía,yayo, que nuestra mirada iba a seguir siendo huérfana de tu presencia.
Y allí seguimos, hablando de ti, maldiciendo en ocasiones al destino por arrancarte de nuestras vidas, dejando en el aire la esperanza de que hubieras vivido dignamente dos años más, mostrándonos fuertes ante tu ausencia guardando todo el dolor dentro de un alma perdida.
¿Qué estarás haciendo ahora,yayo? Tal vez estés labrando un huerto de nuleras allí arriba, tal vez construyas una casa de ensueño para vivir todos juntos cuando nos elevemos contigo, tal vez estés leyendo un libro histórico , ¡qué envidia! será el centro de todas tus miradas, o tal vez estés sentado en tu mecedora color barniz esperando nuestra llegada. Yo, te espero siempre yayo, aunque sé que nunca más tendré la suerte de que se crucen una vez más,nuestras miradas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario