Señor cielo,¿ve lo afortunado que es?, en poco tiempo va a recibir la visita de mi abuelo, y no llore por si marcha, se quedará con usted para siempre.
¡Cuánta envidia le tengo,señor cielo! mi abuelo vagando entre usted, ¡qué sabio se hará con el tiempo! ¿Sabe por qué? Porque mi abuelo es el hombre más inteligente del mundo, sabrá explicarle demasiado bien por qué sube hasta usted, le contará cuanto le echamos de menos aquí abajo y se sentarán juntos en una nube, cojido del hombro y con los pies colgando, para enseñarle sus ricos naranjos.
¡Cuánta envidia le tengo,señor cielo! Poder pasar todo el tiempo con mi abuelo Pedro,al igual que su guardense. ¿Quién sabe? Igual cuando yo suba me espera con las cartas en la mano para echar un cinquillo, ¿quién sabe,verdad? Cuideló, señor cielo, que un regalo tan valioso no se eleva hasta usted todos los días.
¡Cuánta envidia le tengo,señor cielo!
Te vas.
Tu cuerpo débil casi ha finalizado su batalla,pero esta vez no con la dulce victoria,esta vez, toca asumir la derrota. ¡Cuántas victorias habrás obtenido durante toda tu vida! ¡Y cuántas derrotas!.Pero ahora,ni sumando todos esos golpes duros que te ha propiciado el tiempo ni multiplicándolos por toda la sal del mar, pueden superar este sabor amargo adherido a tu ser.
Hombre bueno,buen hombre, perseguidor de sueños,trabajador fuerte,con boina encima de tus pensamientos, con demasiados dedos de frente, sabiduría plasmada en tu cuerpo,dulzura de tus ojos, bondad hecha de barro,inteligencia diferente. Tu luz se apaga y con ella se van grandes recuerdos.
¿Recuerdas,yayo, el cuento de los ositos? me lo contabas a la luz del fuego como fiel compañero, con ese batín cuadriculado y tu peculiar olor a hombre desgastado.
Mírame,dime que siempre vas a recordar mi sonrisa, que esbozarás una alegre mueca desde lo alto para hacerme sentir fuerte. Yayo,cuando llueva y tú estés ya elevado,creeré que son tus lágrimas que vendrán a mojar mi alma,y cuando el viento fuerte inunde mi rostro pensaré que suspiras por mí. Todo lo que ocurra aquí abajo,será porque tú lo propicias yayo, y no te preocupes que subiré de vez en cuando a ver cómo va el telefonillo para que puedas llamarme siempre.
Hombre bueno,buen hombre, perseguidor de sueños,trabajador fuerte,con boina encima de tus pensamientos, con demasiados dedos de frente, sabiduría plasmada en tu cuerpo,dulzura de tus ojos, bondad hecha de barro,inteligencia diferente. Tu luz se apaga y con ella se van grandes recuerdos.
¿Recuerdas,yayo, el cuento de los ositos? me lo contabas a la luz del fuego como fiel compañero, con ese batín cuadriculado y tu peculiar olor a hombre desgastado.
Mírame,dime que siempre vas a recordar mi sonrisa, que esbozarás una alegre mueca desde lo alto para hacerme sentir fuerte. Yayo,cuando llueva y tú estés ya elevado,creeré que son tus lágrimas que vendrán a mojar mi alma,y cuando el viento fuerte inunde mi rostro pensaré que suspiras por mí. Todo lo que ocurra aquí abajo,será porque tú lo propicias yayo, y no te preocupes que subiré de vez en cuando a ver cómo va el telefonillo para que puedas llamarme siempre.
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