Nunca había visto la muerte personificada, con la forma de hombre, rígida, engarrotada, balbuceante de palabras sin cordura, aferránte a la tierra que le vio nacer.
Fue tal la impresión que causó tu rostro en mí que no de pensar en todo lo que has sido, ¡y usted ni se acuerdas,señor carpintero!
No hemos creado ningún vínculo fuertemente afectivo,sólo fueron las circunstancias familiares las que nos unieron,y a partir de ahí,las visitas a cada de mis abuelos, o al descansillo de piedra que unen ambos hogares,hicieron el resto.
¡Pero con lo que tú has sido,tío Aniceto! Paseabas por las Alquerías sin cesar,todos los hombres mancos de rapidez esperaban tu llegada para intentar,en un rato, arreglar el mundo. Fuiste tú quien me enseñó a jugar al solitario,en aquel sillón marrón que te hacía retroceder unos pasos al sentir su olor a piel pura. ¿Y ahora? ¿Qué te queda ahora? Sólo la esperanza de que tu mujer,mejor dicho, la mitad de ella porque así se ha quedado por dedicarte y regalarte todos y cada uno de sus cuidados,te haga una tarta gigante para tu cumpleaños,pero...¡Si ya ha pasado!¿No te acuerdas verdad,señor solitario?
Sigue haciéndonos sonreír mientras duermes aquí abajo, de vez en cuando iré a verte, te visitaré en la cama hospitalaria, mientras con tus ojos sigues mi sombra y no recuerdas el origen de mi rostro.
Y,señor solitario, no tenga miedo de marchar,allí arriba impaciente le espera mi abuelo,¡ya lo verá!, con la paleta de obra en una mano y una lija en la otra para usted. ¡Ve y no tarde! tienen que diseñar juntos un mundo allí arriba,para cuando lleguemos todos nosotros. Y no se olvide,de recordar siempre, cómo se juega al solitario.
No hay comentarios:
Publicar un comentario