A veces, caminar por la pasarela da miedo, asusta, sus peldaños de madera te zarandean y las barreras guardan firme su vaivén. Pero cuando consigues cruzarla es maravilloso. Y entonces llega el mar con su inmensidad, y te abraza, y parece que nunca llegue el final. Eso es lo bonito de la vida, perderse, no quedarse en un peldaño y conformarse, si no saltar. Y no tengan miedo por si naufragan, siempre habrá un cabo que nos ate.
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