Odio las etiquetas, y no porque me pique la piel. Me incomoda que todo tenga que tener un nombre, un título que nos caracterice, un prejuicio más irascible que un papel. ¿Qué más da? Tampoco me importa de dónde vengas, si no cómo enfocas tu camino. ¿Me prestan unas tijeras? Comienza a picarme la piel.
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