En el estuche de la vida hay lápices, rayan gris y con el tiempo se borran, y fantásticas gomas que te ayudan a borrar ese carboncillo. También hay bolígrafos que dejarán su tinta azul para siempre grabada en la piel. Pero también hay colores, y son magníficos, y con su línea cromática te enseñan que la vida no es sólo gris o azul. Lo que más me gusta del estuche de mi vida son los permanentes de colores, que se quedan grabados y no hay goma que los borre. Eso sí, en el estuche no hay cabida para muchos permanentes, ese rango sólo lo tiene quien sabe llegarte al corazón.
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