“Hemos
cruzado el Cabo de Hornos”. Comienza una nueva etapa. Adiós
rescate. Adiós miseria. Basta de sufrimiento. Ese era el mensaje
bañado de optimismo que dio Mariano Rajoy en el debate sobre el
estado de la nación, celebrado el martes 25 de febrero.
Tras
ininterrumpidos aplausos, Rajoy crecía con sus palabras. Anunciaba a
los cuatro vientos que España está saliendo de la crisis, que éste
es el año idóneo para crear empleo, para bajar los impuestos y
prestar ayuda a todas las empresas mancas de recursos. ¿Pero qué
aplaudían los testigos de semejante discurso demagogo? El 25,8% de
la población continúa en el paro, no tiene trabajo, ha de luchar
día y noche para llegar a fin de mes, para alimentar a sus familias
y para mantener la ilusión de un país que se lava la cara con
falsas promesas.
Y
no sólo es el paro. Es la educación. Es la salud. Es la cultura.
Son las condiciones laborales. Las miles de familias desahuciadas.
Los millones de cajeros que ya no duermen solos. Los contenedores de
basura que para muchos son tesoros. Las entradas de comedores
sociales abarrotadas. El vacío de los bares. La soledad en los
cines. El eco de los centros comerciales.
Señor
presidente, aquí abajo estamos en crisis. Y nos cuenta respirar. Y
nos cuesta vivir desahogados. Y aunque es cierto que miles de
españoles tienen trabajo, para la mayoría no es suficiente. Porque
la vida es cara. Usted nos hace pagar un precio alto. Un precio por
vivir. Y tenemos que soportar que para usted todo esto haya
terminado. Véngase una temporada aquí abajo, viva como nosotros,
estire un sueldo mileurista para llegar a fin de mes. Seguro que no
lo hace mejor que todos nosotros. Y aun así, a veces no nos falta la
sonrisa.